DOCUMENTOS HISTORICOS

DATOS HISTÓRICOS

ACTA   DE  LA  CONSTITUCIÓN  DEL  PRESBITERIO  DE  LA  CIUDAD  DE MÉXICO.

(PRIMERA  REUNIÓN)  1885.

“EL DOCE  DE MAYO DE 1885, A LAS  10  DE LA MAÑANA,,  EN LA CIUDAD DE MÉXICO, EN EL TEMPLO “EL DIVINO SALVADOR”, SE ABRIÓ LA PRIMERA REUNIÓN DE PRESBITERIO DE LA CIUDAD DE MÉXICO, CON UN SERMÓN POR EL REV. J. MILTON  GREEN,  MISIONERO: EL TEXTO:  JEREMÍAS 13:25 “ESTA SERÁ TU SUERTE, LA PORCIÓN  DE  TUS MEDIDAS POR MI, DIJO JEHOVÁ”, ESTO FUE HECHO CONFORME  A LA  RESOLUCIÓN  DEL SÍNODO DE PENSILVANIA EN SU ULTIMA SESIÓN DE 20 DE OCTUBRE  DE 1884, QUE A LA LETRA DICE:  “ EL  SÍNODO  DE PENSILVANIA  DISPONE QUE TODOS  LOS MINISTROS DE LAS IGLESIAS PRESBITERIANAS DE LA REPUBLICA MEXICANA SITUADA AL SUR DE LA LÍNEA DEL FERROCARRIL QUE ESTA EN CONSTRUCCIÓN  DE TAMPICO, SOBRE EL GOLFO DE MÉXICO A LA CIUDAD DE MÉXICO, PASANDO POR LA DE AGUASCALIENTES AL OESTE DE SAN BLAS SOBRE LA COSTA DEL PACÍFICO, QUEDANDO   CONSTITUIDOS EN UN PRESBITERIO QUE SE LLAMARA “PRESBITERIO  DE LA CIUDAD DE MÉXICO”,  ESTE  PRESBITERIO SE REUNIRÁ EN LA EXPRESADA CAPITAL, EL SEGUNDO MARTES DE MAYO A  LAS DIEZ DE LA MAÑANA DEL PRESENTE AÑO,   DEBIENDO EL REV. J .MILTON  GREEN (O EN SU DEFECTO  EL MINISTRO ANTIGUO QUE SE HALLE  PRESENTE ) PREDICAR EL SERMÓN DE APERTURA Y PRESIDIR LAS SESIONES HASTA QUE SE ELIJA MODERADOR”. CONCLUIDO EL SERMÓN, EL PRESBITERIO FUE CONSTITUIDO CON LA ORACIÓN, LAS PERSONAS CUYOS NOMBRES SIGUEN, FUERON RECONOCIDOS COMO MIEMBROS DEL NUEVO PRESBITERIO CONFORME A LA RESOLUCIÓN DADA ARRIBA, Y SUS NOMBRES FUERON ESCRITOS EN EL ROL DEL PRESBITERIO.

 REV. J. MILTON GREEN,  DE LA MISIÓN PRESBITERIANA  DEL NORTE

REV. ARCADIO MORALES,  DE MÉXICO

REV. PROCOPIO C. DÍAZ, DE MÉXICO

REV. HIPÓLITO QUEZADA, DE VERACRUZ

REV. PEDRO  BALLASTRA, DE ZITACUARO

REV. ELÍAS  CLEMENTE  SALAZAR, DE ZIMAPÁN

REV.  HESIQUIO FORCADA,  DE RAYÓN

REV. DANIEL RODRÍGUEZ, DE ZITACUARO

REV.  FELIPE PASTRANA, DE  JUNGAPEO

REV. ENRIQUE  BIANCHI,    DE  TUXPAN

REV. LEOPOLDO  M. DÍAZ, DE JALAPA

REV. SALOMÓN R.  DÍAZ,  DE PARAÍSO

REV.  MARIANO OLVERA,  DE SAN JUAN BAUTISTA (VILLAHERMOSA)

REV. ELIGIO N. GRANADOS, DE COMALCALCO

REV.   MANUEL  ZAVALETA,  DE  TOLUCA

ANCIANO AGUSTÍN OLAEZ, DE  LA IGLESIA “EL DIVINO  SALVADOR”.

LOS  SIGUIENTES  FUERON RECONOCIDOS COMO LOS LICENCIADOS BAJO EL CUIDADO DE ESTE PRESBITERIO:

JUAN ESPÍNDOLA,  SAN LORENZO

AGUSTÍN  ZEPEDA,  TOLUCA

NÉSTOR GÓMEZ, CAPULHUAC

JOSEM. CAMBROU, TUXPAN

GENARO FLORES ALATORRE

POMPEYO MORALES, COMALCALCO

EL  PRESBITERIO PROCEDIÓ A LA ELECCIÓN DEL MODERADOR, DEL SECRETARIO Y DEL PROSECRETARIO, RESULTANDO ELECTO PARA MODERADOR  EL  REV.   J. MILTON GREEN,   PARA SECRETARIO   EL REV.  HUBERT  W.  BROWNN,     PARA  PROSECRETARIO  EL REV. PROCOPIO C.   DÍAZ.  EL REV.  HUBERT  W. BROWN  PRESENTO SU    CARTA DE DIMISIÓN  DEL PRESBITERIO DE MONMOUTH, ESTADO DE  NUEVA JERSEY,   EUA. Y FUE INSCRITO COMO MIEMBRO. EL  REV.   EDUARDO C.  HAYMAKER DEL PRESBITERIO DE FILADELFIA CENTRAL Y MISIONERO DE ZACATECAS, FUE INVITADO A TOMAR ASIENTO COMO MIEMBRO CORRESPONSAL Y COMO REPRESENTANTE DEL PRESBITERIO DE ZACATECAS. SE  ACORDÓ TENER DOS SESIONES DIARIAS, EXCEPTO EL DOMINGO, SEÑALÁNDOSE PARA  ESTAR DE LAS OCHO DE LA MAÑANA A LAS DOCE DEL DIA, Y DE LAS TRES A LAS SEIS DE LA TARDE, Y CELEBRAR UN CULTO DE ORACIÓN TODOS LOS DÍAS POR ESPACIO DE MEDIA HORA. DE LAS OCHO A LAS OCHO Y MEDIA.         SE LEVANTO LA SESIÓN, PARA REUNIRSE A LAS TRES DE LA TARDE, CON ORACIÓN”.

EL PRESIDENTE DEL PRESBITERIO. J. MILTON GREEN  (FIRMADO)

EL SECRETARIO,  HUBERT W. BROWN  (FIRMADO)

D E C L A R A C I O N     DE    

N A CI O N A L I Z A CI O N

(HECHA Y FIRMADA EN LA CIUDAD DE MÉXICO EL 30 DE ENERO DE 1929)

EN  EL NOMBRE  DE  DIOS:

 LOS  QUE SUSCRIBIMOS MIEMBROS ACTIVOS DEL PRESBITERIO NACIONAL DE LA CIUDAD DE MÉXICO, SOLEMNEMENTE DECLARAMOS ANTE LA PRESENCIA DE DIOS QUE TODO LO VE, QUE SEREMOS FIELES A LOS IDEALES DEL NACIONALISMO EN EL SENO DE NUESTRO PRESBITERIO, QUE NOS SOMETEREMOS GUSTOSOS A SU DISCIPLINA Y QUE PROCURAREMOS POR CUANTOS MEDIOS POSIBLES ESTÉN A NUESTRO ALCANCE, LA DIGNIDAD DEL SANTO MINISTERIO QUE NOS HA SIDO ENCOMENDADO POR LOS VOTOS DE NUESTRA ORDENACIÓN, QUE TENDREMOS UN FERVIENTE ANHELO POR LA REDENCIÓN DE NUESTRA RAZA Y QUE MORIREMOS EN EL CAMPO DE BATALLA HASTA EL TRIUNFO DE NUESTROS IDEALES.

EN TESTIMONIO DE LO CUAL CALZAMOS ESTA CON NUESTRAS RESPECTIVAS FIRMAS.

MÉXICO,  ENERO  30 DE 1929.

“E N     D I O S     H A R E M O S    

P R O E Z A S”

(SAL.  108:13)

MINISTROS:                                                            ANCIANOS GOBERNANTES:

GREGORIO R. DELA VEGA                                    FERNANDO R. RODRÍGUEZ

PLACIDO LOPE GARCÍA                                        PROSPERO MENDOZA

FRANCISCO ÁLVAREZ                                           FELIPE GARCÍA ARENAS

APOLONIO C. VÁZQUEZ                                        ROSENDO W. ALCÁZAR

ELEAZAR PÉREZ                                                      CRISTÓBAL TOLEDANO

CARLOS C. AMADOR                                              ISAAC  REYES

PEDRO A. GUTIÉRREZ                                            JOAQUÍN MIRABAL LAUSAN

PEDRO V. GARCÍA                                                   PRISCILIANO RAMOS

ELISEO  S. VÁZQUEZ

Correspondencia cambiada entre el Presbiterio Nacional de la Ciudad de México y la Misión Presbiteriana en México

 CARTA DEL PRESBITERIO

México 3 de diciembre de 1926

A la Misión Presbiteriana en México.

Por conducto del Sr. L. P. Van Slyke, Cuernavaca, Morelos

Muy amados hermanos:

Al saludaros y desear para vuestros trabajos las bendiciones del Señor, nos permitimos decir a la Misión Presbiteriana en México, por la presente lo siguiente:

Que el H. Presbiterio de la Ciudad de México, considerando que ha llegado ya el tiempo de sostenerse, dirigirse y llevar adelante la obra que Dios ha puesto en sus manos, toda vez que cuenta con el personal y los elementos para ello, y secundando las aspiraciones del H. Sínodo General, en la Reunión Extraordinaria verificada el día 21 de septiembre del presente año, en la Ciudad de Orizaba y después de pulsar la opinión de los elementos más caracterizados de nuestra Iglesia, reunidos allí en Convención, acordó por UNANIMIDAD asumir toda la responsabilidad en la dirección y sostenimiento de la Obra a partir del  primero de abril del año próximo.

La Mesa Directiva interpretando el sentir del H. Presbiterio, tiene el privilegio al daros a conocer esta firme resolución y de expresar a Uds. Y por vuestro conducto, al Board y a los amados hermanos de los EE. UU. Nuestra sincera gratitud en el Señor por la ayuda desprendida, liberal y cristiana que tuvisteis a bien impartirnos por más de cincuenta años.

Al dar este paso no nos guía, de ninguna manera, una vana presunción ni orgullo de ninguna clase, sino el único propósito de poner al servicio de nuestro Dios, de una manera más directa, nuestras facultades y el de desarrollar en nuestros hermanos el espíritu de servicio y de la liberalidad.

En consecuencia, es la mente del H. Presbiterio tomar bajo su dirección todas las iglesias, congregaciones y grupos de hermanos que en la actualidad están dentro del territorio que el Sínodo le tiene asignado, y hacerse responsable del sostenimiento de los obreros laicos y estudiantes.

Por lo tanto, queridos hermanos, el H. Presbiterio se permite hacer por nuestro conducto las siguientes peticiones:

PRIMERA. Que la Misión deje en manos del Presbiterio a partir del primero de abril próximo, toda la dirección y sostenimiento completo de la Obra Evangelística en los Estados de Oaxaca y Veracruz, y en el Distrito Federal, y que comprende  a todas las iglesias y congregaciones y sus alrededores y que inclusive a todos los pastores, obreros laicos y estudiantes que trabajan en la actualidad dentro de nuestro territorio.

SEGUNDA. Que la Misión en tal virtud, ponga en manos del Presbiterio, los templos, capillas y casas pastorales y demás propiedades destinadas a ese objeto.

TERCERA. Que la Misión dé los pasos necesarios para recoger la propiedad de Tacubaya, a fin de que ésta vuelva a quedar bajo la dirección del Presbiterio, como debe ser, o en su defecto, que se dé al Presbiterio el valor de dicha propiedad, para adquirir otra en el mismo lugar.

CUARTA. Que la Misión, para el mejor éxito que se desea en la nacionalización de la obra evangélica  ponga en manos de nuestro Presbiterio las propiedades que la misma tiene dedicadas a la Obra Médica y Social, cuyos trabajos continuarán conforme a los mismos propósitos con que fueron establecidos; y

QUINTA. Que en caso de que la Misión deseara de alguna manera seguir trabajando dentro de la jurisdicción del Presbiterio de la Ciudad de México , en actividades íntimamente relacionadas con el trabajo evangelístico, se sirva hacerlo de acuerdo y bajo la dirección del H. Presbiterio de la Ciudad de México, pues es nuestro anhelo evitar todo caso, de aquí en adelante, la existencia de dos cuerpos directores.

Muy amados hermanos: Creemos sinceramente que las peticiones arriba formuladas, son justas y está en  vuestras manos satisfacerlas toda vez que uno de los objetos de vuestra administración en México como Misión Presbiteriana ha sido a nuestro  entender, procurar todo aquello que tienda al establecimiento definitivo de una Iglesia Nacional.

Al poner en vuestras manos esta comunicación, ponemos también nuestros ojos en el Autor y Consumador de la fe, Cristo Jesús , que nos habéis dado a conocer, y quien ha prometido estar con nosotros hasta el fin del Siglo, y en cuyo nombre y presencia os damos un abrazo de reconocimiento, prometiéndoos delante de El, hacer todo cuanto esté de nuestra parte para sostener la Obra que por más de cincuenta años ha estado prácticamente bajo vuestra responsabilidad, y que ahora por la gracia de Dios, tomamos bajo la nuestra. “Mirando por nosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo nos ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual ganó por su sangre”.

POR ORDEN DEL PRESBITERIO

Firmado

Presidente,

G. R. De la Vega

Secretario

Placido Lope

 CONTESTACIÓN DE LA MISIÓN

Durante las sesiones de la 42ª Reunión Anual de la Misión, verificada en la ciudad de Cuernavaca en diciembre de 1928 se presentaron los miembros de la respetable Comisión nombrada por el H. Presbiterio de la Ciudad de México con el fin de presentar a este cuerpo los acuerdos tomados por aquel Presbiterio en una reunión extraordinaria verificada en la Ciudad de Orizaba.  Escuchamos con sumo interés y edificación las explicaciones hechas por los comisionados, inspiradas ellas en el franco reconocimiento de lo que debían a la Misión en años pasados, y la firme resolución que habían tomado de asumir en lo sucesivo las responsabilidades de la obra que señalan dichos acuerdos. Después de una detenida consideración y la amplia discusión que merece cada uno y todos dichos acuerdos, nos permitimos comunicar al  H. Presbiterio nuestra contestación en la forma de seis resoluciones.

En vista de los acuerdos del H. Presbiterio de la Ciudad de México tomados en la reunión extraordinaria verificada en la Ciudad de Orizaba el 21 de septiembre de 1929, según los cuales las iglesias y congregaciones de dicho Presbiterio a partil del 1º de abril de 1929 se sostendrán por completo, y el Presbiterio se hará responsable del sostenimiento y la dirección de la obra evangelística de su territorio desde la misma fecha; y en vista de las cinco peticiones del Presbiterio comunicadas en su carta del 3 de diciembre por la Mesa Directiva del Presbiterio, la Misión hace la siguiente declaración como su respuesta a dichas peticiones:

La Misión se regocija con gozo indecible sobre el hecho de que este su hijo amado haya entrado plenamente en su mayoría de edad, y alaba a Dios porque El nos ha permitido vivir hasta este momento en que vemos realizada la meta de nuestra obra misionera durante los últimos cincuenta y cinco años a saber, la completa autonomía y el sostenimiento propio del Presbiterio, y el asumir este cuerpo la responsabilidad de la dirección de la obra y la extensión del conocimiento de Cristo en este territorio. La Misión ve con sincera admiración el heroísmo, el sacrificio y la fe de nuestros hermanos nacionales al dar este paso tan difícil, y únicamente siente que no hayamos tenido la suficiente fe para creer que se podría efectuar tan pronto. La Misión se permite declarar a nuestros hermanos nacionales que siempre contarán con nuestro incesante amor y nuestras constantes oraciones en esta gran tarea que han emprendido. En fin la Misión acepta sin excepciones ni cambio alguno el acuerdo del H. Presbiterio que declara que a partir del 1º de abril de 1929 asumirá la total responsabilidad del sostenimiento completo y de la dirección en todas sus fases de la obra evangelística  en los Estados de Veracruz, y en el Distrito Federal, y de buena voluntad concede la primera petición del H. Presbiterio en la misma forma que fue presentada.

La Misión dará además los pasos necesarios para poner en manos del H. Presbiterio los templos, las capillas y las casas pastorales, en la inteligencia de que el Presbiterio pagará las contribuciones y atenderá las necesarias composturas y reparaciones.

Las propiedades que se trata, son las siguientes:

En el Distrito Federal:

EL Divino Salvador, templo.  Coyoacán,  templo. Bethel, templo y anexas. Tizapán, templo. Tacubaya, templo y casa pastoral. San Lorenzo, un terreno.

En el Estado de Veracruz:

Veracruz, templo y casa pastoral. Orizaba, templo y casa pastoral. Jalapa, templo y casa pastoral (reservando la residencia detrás de la casa pastoral, con el derecho de entrada de la calle). Tierra Blanca, un templo. Huatusco,  terreno y casas. Tuxtepec, templo.

En el Estado de Oaxaca:

Oaxaca, templo y casa pastoral toda la propiedad. Telixlahuaca, templo y casa pastoral. Zaachila, templo y casa pastoral. Nazareno, templo. Jayacatlán, un terreno.

Por la presente la Misión reconoce la obligación de hacer todo lo que esté en su poder para poner en manos del H. Presbiterio la propiedad de Tacubaya, pero en caso de que, por causas ajenas a su voluntad, no se pueda recoger la propiedad, la Misión no estará obligada a dar al H. Presbiterio una suma equivalente de dinero.

La Misión además está enteramente dispuesta a poner en manos del H. Presbiterio las siguientes propiedades, cuyos trabajos continuarán conforme a los mismos propósitos con que fueron establecidos: “El Faro” en la Ciudad de México y el Dispensario en la Ciudad de Veracruz: en la inteligencia de que el  Presbiterio pagará las contribuciones y conservará los edificios en buen estado.

En todas aquellas actividades íntimamente relacionadas con la obra evangelística, tales como pertenecer generalmente a la jurisdicción del Presbiterio, la Misión obrará de conformidad con los deseos del H. Presbiterio, para que en la obra evangelística haya solo un cuerpo directivo. En aquellas actividades que pertenecen a la jurisdicción de un tribunal superior, la Misión esperará el resultado de las negociaciones habidas con la Comisión del H. Sínodo sobre relaciones con las Misiones.

Estos acuerdos no podrán considerarse efectivos hasta que no sean ratificados por nuestra Junta de Misiones Extranjeras.

BODAS DE PLATA DE LA NACIONALIZACIÓN

El Presbiterio Nacional de la Ciudad de México celebra con gratitud a Dios, el XXV Aniversario de la nacionalización de la Obra en su campo, la cual se llevó a cabo el primero de abril de 1929.

Desde su organización, el 8 de mayo de 1885, tuvo el ideal de sostenerse, gobernarse y propagarse con sus propios recursos. El trayecto recorrido para  alcanzar esta meta estuvo lleno de obstáculos y hubo de enfrentarse a la sistemática oposición de propios y extraños. Unas veces de parte de sus mismos elementos que faltos de fe y de sentido de responsabilidad neutralizaban cuantos acuerdos presbiteriales apuntaban a esa finalidad; y otras, a la deliberada actitud de algunos misioneros que actuaban dentro del Presbiterio quienes dentro de la Misión de la cual eran también miembros informaban seguros de que ella en asuntos económicos dictaba siempre la última palabra aunque esta fuera contraria a los deseos y resoluciones del Presbiterio.

No obstante, el ideal no se perdió de vista, antes fue afirmándose y tomando cuerpo en el corazón de las iglesias y de los obreros. Varios fueron los sucesos en la Historia de la Iglesia Presbiteriana en México que influyeron positivamente en este fenómeno:

La organización en julio de 1901 del Sínodo General en cuyas bases se incluía esta meta;  la organización en agosto de 1920 del Presbiterio Nacional Fronterizo motivada por la decisión de las misioneras de llevar a cabo, contra viento y marea, el infausto Plan de Cincinnati; la división del campo del Presbiterio para dar lugar a la organización del Presbiterio del Sur  que, comprendiendo los estados de Michoacán, Morelos, Guerrero y México, quedaría bajo la superintendencia de la Misión del Sur la cual había dejado, por efecto de aquel Plan la zona Norte del país; y especialmente la lucha que por dicho proyecto de cooperación se entabló en el Sínodo entre algunos Misioneros y los obreros mexicanos, la que fue recrudeciéndose más y más hasta hacer insostenibles las relaciones dentro de nuestro Presbiterio con dichos elementos, que al parecer habían venido a México no para evangelizar sino  para conquistar y sostener hegemonía sobre la iglesia.

En tales circunstancias, el Presbiterio en su XXXVII Reunión Anual verificada en Orizaba, Ver., del 23 al 28 de abril de 1924, tomó la siguiente resolución:

“Que en vista de ser ya tiempo de dar un paso decisivo hacia la realización del completo Sostenimiento Propio, se resuelva lo siguiente:

1º. El Presbiterio de la Ciudad de México, se propone mediante la ayuda del Señor, alcanzar el completo sostenimiento propio en el término de diez años a partir de 1925.

2º. Que para conseguir este propósito se pida a la Misión de la Iglesia Presbiteriana en México retire a los obreros anualmente el 10% de sus honorarios, hasta conseguir que las iglesias cubran todos sus gastos.

3º. Que se recomiende a todas las iglesias suplan el 10% que retira la Misión hasta cubrir totalmente los honorarios del Pastor”

Este plan no dio el resultado que se esperaba. Los que en la siguiente reunión solicitaron quedar exentos de su aplicación, dijeron que era debido a la falta de educación de las iglesias, explicación que, por supuesto, tuvo el decidido apoyo de los misioneros encargados del campo atendido por dichos obreros.

Así llegamos al Sínodo de Tapachula celebrado en julio de 1928, en cuya reunión el Sr. Lorenzo P. Van Slyke, en el tema que le fue encomendado presentar, reconoció con toda sinceridad y convicción personal que el Sínodo debía asumir la completa hegemonía sobre las iglesias, el ministerio y sus empresas, dejando a las Misiones el privilegio de colaborar con él bajo su dirección. Fue en esta ocasión cuando los miembros del Presbiterio que habíamos asistido al Sínodo, en el Hotel Soconusco de aquella ciudad, nos reunimos para cambiar impresiones sobre nuestra posición frente a la Misión, llegando a la conclusión unánime que deberíamos ya darle las gracias y sostenernos sin su ayuda.  Con este fin se sugirió a la Mesa Directiva del Presbiterio convocara a una convención Presbiterial de las Escuelas Dominicales, sociedades de Esfuerzo Cristiano, sociedades Femeniles y Consistorios para conocer la opinión del pueblo y en una reunión extraordinaria del Presbiterio que se verificaría simultáneamente en el mismo lugar, se tomaran los acuerdos del caso.

Esta convención se llevó a cabo los días 18 al 21 de septiembre de 1928 en el Templo “La Santísima Trinidad” de Orizaba, Ver. Asistió una numerosa representación de las fuerzas vivas de todas nuestras iglesias de los Estados de Oaxaca, Veracruz, México y el Distrito Federal. Los temas a discusión fueron los siguientes:

“¿Ha sonado la Hora?” Sr. Felipe García A.; “Los Factores de la Liberalidad”, Srita. Angélica Monjaraz;  “¿Qué se requiere para obtener la nacionalización?” Sr. Fernando R. Rodríguez; “El éxito de la obra nacional, ¿depende de los pastores?”  Sr. Eliseo S: Vázquez; “¿Hay elementos para dirigir, administrar y desarrollar la obra en nuestro Presbiterio?” Sr. Erasto Hernández; “Participación que pueden tomar en la obra nacional los distintos departamentos de la Iglesia”, Sra. Adelina R. de Dueñas; “Métodos prácticos para sostener la obra nacional”; Pbro. P. V. García; “Estado actual de nuestro campo”; Pbro. Plácido Lope G.; “¿Por qué es necesaria la nacionalización de nuestro Presbiterio y cuándo debe llevarse a cabo? Pbro. Nicolás Cortés Esparza; “Un Plan general de Sostenimiento Propio”, Pbro Francisco Vázquez; “Nuestras organizaciones y las empresas sinódicas”.  Sr. Alfonso B. Fonseca; “¿Cómo activar la obra que Dios ha puesto en nuestras manos” Sr. Pedro Gutiérrez; y, “ “Abre sus ojos para que vean”, sermón inaugural basado en 2 Reyes 6:17, por el que escribe en su carácter de Presidente del Presbiterio. La opinión de la convención fue unánime a favor de que el Presbiterio se nacionalizara. El Presbiterio en su reunión extraordinaria apoyado en el Señor y en el pueblo de su jurisdicción tomó el trascendental acuerdo de dar definitivamente las gracias a la Misión y asumir sus hombros toda la responsabilidad del sostenimiento de sus obreros.

Con este motivo la Mesa Directiva, representada por el Presidente y el Secretario Permanente, Pbros. G. R. de la Vega y Plácido Lope G., respectivamente, se presentó a la Misión que se reunió en diciembre de aquel año 1928 en la ciudad de Cuernavaca para hacer conocer la decisión del Presbiterio y dar las gracias en su nombre por la ayuda que durante 43 años le había impartido, Hubo ente los miembros  de la Misión una larga discusión entre quienes sostenían que no debía aceptarse dicha decisión por considerarla anticristiana, inoportuna y lesiva a la obra misma y los que aceptaban el derecho del Presbiterio para nacionalizarse, pero que consideraban que tal paso debería darse con prudencia siguiendo un plan como el que el mismo Presbiterio había recomendado en su reunión de 1924.  La firmeza de los comisionados del Presbiterio que no hacían otra que sostener el acuerdo tomado en Orizaba, y por disciplina pero también por convicción, al fin logró que la mayoría de los miembros de la Misión aceptara el acuerdo Presbiterial y se pusiera en práctica a partir del primero de abril del año siguiente, 1929.

Hechas las agencias citadas, el Presbiterio en su XXXVIII Reunión celebrada en el Templo “El Divino Salvador” todavía ubicado en San Juan de Letrán, en enero de 1929, después de dar los últimos retoques a su Plan de Nacionalización que entraría en vigor en pocos días, con toda solemnidad, la última noche, hizo y firmó la siguiente Declaración:

“En el nombre de Dios: los que suscribimos, miembros activos del Presbiterio Nacional de la  Ciudad de México, solemnemente declaramos ante la presencia de Dios que todo lo ve, que seremos fieles a los ideales del nacionalismo en el seno de nuestro Presbiterio; que nos sometemos gustosos a su disciplina y que procuraremos por cuantos medios posibles estén a nuestro alcance, la dignidad del Santo Ministerio que nos ha sido encomendado por los votos de nuestra ordenación; que tendremos un ferviente anhelo por la redención de nuestra raza y que moriremos en el campo de batalla hasta el triunfo de nuestros ideales”  En testimonio de lo cual calzamos ésta con nuestras firmas respectivas.   -   Enero 30 de 1929. –   “EN DIOS HAREMOS PROEZAS” (Sal. 108:13)  Firmados: E.Z. Pérez , Carlos M. Amador, Nicolás Cortés E., Eliseo S. Vázquez, Pedro A. Gutiérrez, F. R. Rodríguez (A. G.), Apolonio Vázquez  C., G. R. de la Vega, P. V. García, Próspero Mendoza ( A. G. ), Felipe García A. (A. G.) Francisco Álvarez, Roseno W. Alcázar (A. G.) a petición de Cristóbal Toledano (A. G.), Sr. Manuel León, Isaac Reyes (A, G.), Plácido Lope G., Joaquín Mirabal Lausán (A. G.) y Prisciliano Ramos (A. G.).

La alborada del primero de abril de 1929 encontró a todos los integrantes del Presbiterio: ministros, obreros, estudiantes, oficiales e iglesias con sus organizaciones, descansando confiadamente en los poderosos y suficientes brazos de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, Jefe y Cabeza de la Iglesia, de quien son todas las cosas, el mismo ayer y hoy por los siglos. Un despertamiento espiritual en todo el campo fue la reacción operada en todos, a  partir de ese día. Los ministros y obreros sintiendo el peso de su responsabilidad se congregaron con todas sus fuerzas a la atención y cuidado de sus iglesias y congregaciones; las iglesias se apresuraron a proporcionar en la medida de sus posibilidades el sostén de sus obreros; las organizaciones recibieron un poderoso impulso y el cuadro que ofrecía en general nuestro campo era de paz y armonía, de comprensión y compañerismo. Al reunirse el Presbiterio en 1930 en la Iglesia “Bethel” de esta ciudad, para tener el primer aniversario de su nacionalización, el Cronista de aquella asamblea escribió “El entusiasmo por los triunfos alcanzados en este primer año de vida en el sostenimiento propio, se hizo patente, que hasta la voz del representante de Tlacolula fue escuchada esta vez, prometiendo que influiría en su iglesia para aumentar sus cuotas”. Por su parte, el Director de “El Faro” aquel año, escribió una breve nota en la que dijo:

“Por los informes  leídos ante dicho cuerpo, pudimos notar que sus congregaciones están animadas en la obra del sostén  propio y  poniendo en práctica planes definidos con tan noble fin. Que Dios aumente y multiplique su obra en todo el campo presbiteriano”

La Comisión de Estadística informó en aquella primera reunión que las entradas generales en todo el campo para el sostén de la Obra habían ascendido a la suma de $60,000.00, algo así como el triple de lo reunido para el mismo concepto, el año anterior.

Dura ciertamente ha sido la jornada de estos veinticinco años que han transcurrido; pero ¡como hemos visto la mano del Señor sosteniéndonos y bendiciéndonos sin merecerlo! La experiencia de este tiempo a la par ha confirmado que fue la voluntad del Señor que hubiésemos dado ese paso, también nos ha hecho convenir con tristeza que nos equivocamos al continuar entendiéndonos con la Misión a través de una Comisión Mixta, pues en el seno de ella nunca faltaron ni la oposición al ideal nacionalista ni la deliberada campaña, velada la más de las veces, en contra de nuestro Presbiterio de parte de algunos elementos misioneros, campaña que por sostenerse a toda costa nos  obligo a cortar toda relación con la Misión, a pedir el retiro de algunos misioneros de nuestro campo y a denunciarla en la pasada reunión de la Asamblea General celebrada apenas el año pasado en la Ciudad de Saltillo, Coah.

Esta labor callada pero sistemática y firme, utilizando a algunos elementos de oposición al ideal nacionalista así como a hermanos que aún contra su voluntad y simpatía se ven enrolados por éstos, que tuvo éxito en la división del Presbiterio Nacional Fronterizo,  Líder de Nacionalismo, ¿logrará también sus deseos de dividir nuestro Presbiterio?  La cizaña que ha logrado sembrar en nuestro campo con algunos frutos aislados, logrará dar al traste, con la obra del Presbiterio, como parece ser sus propósitos, y con ella que sea arriada la bandera del ideal que pone en manos de cuantos hemos recibido el Evangelio el deber de continuar la obra gloriosa de redención de nuestro pueblo? ¡Esperamos que no!  Esta obra es de Dios. La nacionalización del Presbiterio no fue un capricho, ni fue fobia contra las misiones, sino el sano y legitimo deseo, por dignidad cristiana y ciudadana, de hacer la parte que nos corresponde en la evangelización de México.

Creemos que la Iglesia Presbiteriana cuenta con los recursos suficientes para sostenerse, para gobernarse y para propagarse, creemos que nuestros hermanos misioneros deben dejar ya la responsabilidad completa en manos de la Asamblea General, poniéndose a la disposición de la Iglesia Presbiteriana en México legal y firmemente organizada con la humildad del Bautista.

Esperamos que quienes firmamos la declaración de nacionalización inserta en este artículo, – y lo hicimos con toda conciencia-, sabremos descubrir a tiempo la anticristiana labor que tiende a perpetuar la hegemonía misionera dentro de la Iglesia; sabremos despertar a tiempo para asumir nuestra responsabilidad con toda conciencia, y apoyados por el Señor y secundados por nuestras iglesias y congregaciones seguir adelante para la gloria de Dios, extendiendo nuestras tiendas y afirmando nuestras estacas, haciendo ondear la bandera del nacionalismo al canto del himno del Presbiterio:

EN SU NOMBRE PROEZAS HAREMOS

(Himno oficial del Hon. Presbiterio N. de la Ciudad de México)

¡En su nombre proezas haremos!

Nada, nada arredrarnos podrá;

Venceremos, oh sí, venceremos

El invicto Jesús nos guiará.

C O R O

Venceremos, ¡oh sí, venceremos

El invicto Jesús nos guiará;

En su nombre proezas haremos

Y la gloria ya suya será.

¡En Jesús mil proezas haremos!

A sus siervos sostén les dará;

A su diestra potente veremos

Que a los suyos auxilio dará

3               ¡En Jesús mil proezas haremos!

Cada quien fiel soldado será;

Muchas almas a Cristo traeremos,

Nuestro campo su  gloria verá.

4               ¡OH Señor, a tus siervos inunda

Con raudales de gracia y poder;

Haz que todos de hoy a tu lado

La victoria final puedan ver!

5.              ¡En Jesús mil proezas haremos!

Y en su nombre echaremos la red;

Todo, todo con El lo tendremos;

Vamos todos, luchemos con fe.

                                                                                 G.R. de la Vega

 ONCE AÑOS DESPUÉS DE LA SEPARACION DE LA ASAMBLEA GENERAL

 Han transcurrido once años desde que el Presbiterio Nacional de la Ciudad de México acordó, en julio de 1954, SUSPENDER temporalmente sus relaciones con el Sínodo Nacional del Centro y la Asamblea General para cuya organización del Presbiterio puso todo su entusiasmo y corazón.

Las razones que concurrieron para tomar esta determinación de suspensión que fue mal interpretada y que sirvió, a elementos disolventes de la Iglesia Presbiteriana, de bandera en contra del Presbiterio, el más antiguo de los presbiterios que forman la Iglesia Nacional Presbiteriana en México, fueron dadas a conocer en el MANIFIESTO AL PUEBLO PRESBITERIANO que fue publicado con fecha 3 de julio de 1954 en forma de folleto y también en el Órgano Oficial del Presbiterio, “EL PRESBITERIANO”.

Durante este período, el Señor llamó a su presencia a la mayor parte de los hermanos que tomaron una participación dirigente en la campaña contra el Presbiterio Nacional de la Ciudad de México, campaña si bien es cierto no dio los resultados que se deseaban, sí , en cambio ahondó las diferencias en tal forma que se giraran circulares a todo el campo prohibiendo a los elementos de la Asamblea tener trato, aún de carácter fraternal, con los miembros de nuestro Presbiterio. El que esto escribe tuvo en sus manos una de estas circulares firmadas por el entonces secretario de la Asamblea, y pudo comprobar su obediencia cuando, habiendo sido invitado para orar en una ceremonia nupcial celebrada en uno de los templos de la ciudad, al parecer con la anuencia del pastor, no solo se ignoró su presencia, sino que se le negó tal privilegio.

Pero han pasado once largos años, y he aquí que, inexplicablemente, algunos ministros del Sínodo y de la Asamblea, libres de la incomunicación a la que se les sometió durante este tiempo, se nos han acercado, pretendiendo ignorar la existencia del Presbiterio al que no se quiere reconocer oficialmente, para no contrariar la descabellada resolución por la cual se le disolvía, para informarnos que con motivo de la próxima celebración del Centenario de la Obra Presbiteriana deseaban nuestra colaboración personal y que sus púlpitos estaban a nuestra disposición cuando deseáramos ocuparlos y ellos a nuestras órdenes si queremos invitarles a a predicar en nuestros templos.

Desde luego que este paso que nuestros hermanos han dado, en lo personal o en forma semi-oficial, es digno de comentarse para puntualizar tres hechos importantes:

Primero, que es un paso dado después de ONCE AÑOS, cuando pudo darse con garantía de buenos resultados en los días en que el Presbiterio Nacional de la Ciudad de México quiso tener un entendimiento con los jerarcas de la Asamblea, y que éstos sin miramientos ni razón, no solo lo rechazaron sino que lo menospreciaron no dándole curso a nuestra promoción.

Segundo, que la sima que abrieron quienes en todo tiempo tuvieron en poco al Presbiterio  y que fueron ahondando más y más con su abierta hostilidad ante las Autoridades Civiles, es ahora una sima que nos da la impresión que ni remotamente puede salvarse.

Tercera, que a pesar de esta situación adversa, el Presbiterio Nacional de la Ciudad de México, fiel a sus declaraciones hechas a raíz del conflicto, sostiene sus puntos de vista porque los considera razonables y justos para la buena marcha de la Iglesia Nacional Presbiteriana que, como resultado de su defensa ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, por sentencia inapelable, está representando legalmente.

Por tanto, nos parece oportuno transcribir si no en su totalidad los documentos que hacen referencia a tales puntos de vista, sí la parte esencial de ellos, para que el lector se forme una opinión correcta del asunto, y dé a cada quien el lugar que le corresponde.

Transcribimos en seguida, en primer término, la parte final del Manifiesto al Pueblo Presbiteriano, que dice:

Conclusiones:

1ª. Que hay deliberado propósito de algunos elementos de llevar a la Iglesia Presbiteriana de México al movimiento de Cooperación interdenominacional, en contra de su posición histórica y en perjuicio de la paz, la unidad y la pureza de la misma.

2ª. Que con la colaboración de algunos elementos nacionales irresponsables, las misiones extranjeras luchan por hacer indispensable su colaboración e indefinida su permanencia en el país, contra nuestra dignidad cívica como cristianos mexicanos y en perjuicio del desenvolvimiento de la Iglesia.

3ª. Que para lograr los propósitos denunciados, se ha recurrido sistemáticamente al uso arbitrario de las leyes eclesiásticas y a la corrupción de la conciencia mediante dádivas y promesas, en contra del orden y la justicia y en perjuicio de la moral cristiana.

4ª. Que debido a la actitud definida del Presbiterio Nacional de la Ciudad de México en contra de todo lo que significa atraso y perjuicio para la Obra de nuestro Señor, hay el propósito deliberado de no solo hostilizarlo y eliminarlo de toda participación legal en las actividades de la Iglesia, sino de destruirlo.

Por todo lo expuesto, hacemos del conocimiento del Pueblo Presbiteriano de México, lo siguiente

Resolución:

CONSIDERANDO que es imprescindible para el Presbiterio Nacional de la Ciudad de México conservar la pureza de la Fe enseñada en las Sagradas Escrituras y sostenida en la Confesión de Wesminister; conservar el genuino espíritu del Presbiterianismo; y velar, por su integridad como Tribunal de la Iglesia Presbiteriana en México.

CONSIDERANDO que el Presbiterio Nacional  de la Ciudad de México, a pesar de su espíritu de paz y armonía que lo han caracterizado, no solo es objeto de incomprensión, mal entendimiento y hostilidad, dentro de los cuerpos superiores y de otros presbiterios, sino también del deliberado propósito de desintegrarlo porque se le considera un estorbo a las tendencias interdenominacionales ecumenistas y modernistas.

CONSIDERANDO que el Sínodo y la Asamblea por su parcialidad  hacia elementos disolventes y plutócratas, han perdido la ruta incapacitándose para ser los guiadores del Presbiterianismo en México; y

CONSIDERANDO que es tiempo ya de emplear nuestras fuerzas físicas, económicas y espirituales en pro de la evangelización de México , las cuales han sido malgastadas por ellos en discusiones vanas que no solo trastornan la fe de los hermanos sencillos,  sino causan división en la Iglesia;

SE RESUELVE:  Que el Presbiterio Nacional de la Ciudad de México, SUSPENDA SUS RELACIONES OFICIALES con el Sínodo Nacional del Centro y la Asamblea General hasta que éstos no reconozcan los derechos y personalidad de este Presbiterio y la Asamblea General alcance completamente su hegemonía”.

En cumplimiento de la resolución anterior, puesto el Presbiterio de pie, el Presidente del mismo Pbro. Adolfo Gómez G. hizo la declaración solemne de quedar suspendidas las relaciones del Presbiterio con el Sínodo y la Asamblea General, siendo la una horas cuarenta minutos del día 3 de julio de 1954.

Encomendamos a todos nuestros hermanos pedir a Dios que El obre arrepentimiento en aquellos que irresponsablemente han creado este grave problema en la Iglesia, a fin de que, removidos todos los obstáculos, podamos colaborar juntos para llevar adelante el ideal de una Iglesia Presbiteriana digna y obediente a la Palabra de Dios y a sus leyes, para la evangelización de México.

Y, entre tanto que esto sucede, prometemos delante de Dios que seremos fieles a su Palabra, a la Confesión de Fe y a los catecismos de la Iglesia Presbiteriana como los que contienen el sistema de doctrina enseñado en las Escrituras, así como a la forma de gobierno presbiteriano; afirmamos que, desde su nacionalización, el Presbiterio Nacional de la Ciudad de México  no ha tenido, ni tiene, ni tendrá relaciones de ninguna clase con otros organismos o denominaciones como insidiosamente se le ha imputado y que, con la ayuda del Señor a quien servimos, combatiremos con todas nuestras fuerzas cualquier intromisión de nacionales o extranjeros que minen los postulados del presbiterianismo auténtico o histórico.

“Atalaya Jehová entre mí y ti mientras estemos ausentes el uno del otro”

Lo que sigue es la transcripción del oficio girado a la Asamblea General que se reunió en la Ciudad de Morelia, en octubre de 1954, tres meses después del acuerdo presbiterial de suspensión de relaciones oficiales, que dice como sigue:

A la Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana en México, Morelia, MIch. Presente.

Estimados hermanos:

EL PRESBIERIO NACIONAL DE LA CIUDAD DE MÉXICO, atento a los problemas y a las circunstancias transitorias especiales por las que atraviesa actualmente nuestra amada Iglesia Presbiteriana y deseando vivamente cooperar para la solución satisfactoria y permanente de los mismos, en bien de nuestro pueblo presbiteriano al cual tanto vosotros como nosotros estamos obligados a representar dignamente, ha tenido a bien designar a los Comisionados presbíteros: Gregorio R. de la Vega y Alberto Rosales Pérez, como Delegados Especiales a la presente reunión extraordinaria para que en su oportunidad, EXPLIQUEN Y PRECISEN la posición de este Presbiterio y PROMUEVAN dentro de las normas cristianas y eclesiásticas las medidas tendientes a guardar la paz, la unidad y la ortodoxia doctrinal de nuestra Iglesia Presbiteriana, en los términos invariables que sustenta el Presbiterio Nacional de la Ciudad de México.

Que el Señor de la mies os ilumine en vuestras deliberaciones para que por amor a Él, a su Obra y a la Patria, juntos podamos llegar a la resolución justa de esta situación.

Por orden del Presbiterio: La Directiva. Adolfo Gómez G., presidente; Pedro V. García, secretario permanente; Alberto Rosales P., Tesorero.

NOTA. Este documento fue entregado juntamente con el que a continuación transcribimos, pero el Sr. Presidente presionó a la Asamblea para no darle entrada amenazando con presentar su renuncia. Lamentamos que la Asamblea en esta ocasión se haya plegado a la voluntad de un presidente de espíritu a todas luces disolvente y divisionista.

Lo que sigue es la transcripción íntegra de la fórmula propuesta por el Presbiterio Nacional de la Ciudad de México para la solución inmediata, en caliente, del conflicto que aún dura después de once años, documento que tampoco fue recibido ni tomado en cuenta. Nada hicieron los asambleístas porque el asunto fuera tratado aunque sus resultados fueran negativos.

H. Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana en México.   Morelia, Mich.   Presente

Respetables hermanos en el Señor: En obediencia al mandato de nuestro Señor Jesucristo, Jefe y Cabeza de la Iglesia, consignado en San Mateo, Cap. 5: 23-25 y basados en el principio constitucional (Cap. XVI, Art. 89 Inc. 3) por el cual se establece que la Asamblea General “constituye el vínculo de unión paz y correspondencia entre todas las iglesias y tribunales presbiterianos”, por orden el Presbiterio Nacional de la Ciudad de México, nos dirigimos a esta Respetable Asamblea General para saludarla fraternalmente y  exponer lo que sigue:

1º. El Presbiterio Nacional e la Ciudad de México, declara que no se ha desligado ni se desligará de la Iglesia Presbiteriana en México, cualquiera que sean las circunstancias en que ésta haya de encontrarse, y esto no solo por los principios adoptados desde su organización en 1885 sino por haber contribuido con denuedo a su establecimiento como entidad, así como por haber promovido y cooperado a su estabilidad y crecimiento.

2º.El Presbiterio Nacional de la Ciudad de México basado en las razones y antecedentes que abarcan un período de más de treinta años, expuesto en su “Manifiesto al Pueblo Presbiteriano”, se vio obligado a adoptar la medida transitoria y condicional de suspender sus relaciones oficiales con los cuerpos eclesiásticos superiores (Sínodo Nacional del Centro y Asamblea General), lo cual implica que no va a colaborar temporalmente con dichos cuerpos, hasta que no remuevan los obstáculos que originaron dicha medida.

3º. El Presbiterio Nacional de la Ciudad de México, movido por el deseo sincero de llegar a un entendimiento declara que está y estará dispuesto a colaborar en la remoción de los obstáculos antes mencionados para que juntos, se llegue a la solución del conflicto, sobre la base: (a).- Que se le respete como tribunal de la Iglesia, ya que ha sido profundamente lesionado por la hostilidad sistemática de algunos oficiales y tribunales de la Iglesia; (b).- Que la Asamblea General acepte la nacionalización de la obra como la meta inmediata para proseguir la evangelización de México y del desarrollo de la vida espiritual.

Por lo anteriormente expuesto y apelando a vuestra responsabilidad moral de decidir “con sabiduría eclesiástica” y para la gloria de Dios toda moción respetuosa encaminada a promover el bienestar de la Iglesia, con todo respeto nos permitimos someter a vuestra consideración los siguientes puntos:

RESPECTO DE LA OBRA EN GENERAL

Que  se recomiende a los oficiales y tribunales de la Iglesia, revisen sus procedimientos para que en el futuro se ajusten en forma invariable al espíritu de la Palabra de Dios, de la Constitución, de la Disciplina y del Directorio de Culto de la Iglesia Presbiteriana en México.

Que se afirme decididamente el propósito en la Confesión de Fe de Westminster y los de lealtad a la Palabra de Dios interpretada Catecismos Mayor y Menor, así como el de ob3diencia a la dirección y voluntad del Espíritu Santo como Guía infalible de la Iglesia.

QUE EN CONSONANCIA CON LOS PUNTOS ANTERIORES, la Asamblea General de las garantías debidas de que en ningún tiempo aceptará ni procurará alianzas o compromisos con movimientos de cooperación interdenominacional que afecten o lesionen su posición doctrinal, la paz y la unidad de la Iglesia Presbiteriana en México.

Que la Asamblea General entre de lleno adoptando como meta inmediata la NACIONALIZACIÓN DE LA OBRA, para lograrla en el menor tiempo posible, dedicando a esta tarea como a la evangelización espiritual TODAS SUS ENERGÍAS.

RESPECTO DEL PRESBITEIRO NACIONAL DE LA CIUDAD DE MÉXICO.

Que se respete la soberanía eclesiástica del Presbiterio Nacional de la Ciudad de México, así como su integridad territorial que le corresponde desde la organización de la Asamblea General, así como la que transitoriamente tiene en los estados de Veracruz y Oaxaca, incluyendo la obra de los estados de Guerrero, Zacatecas y Tabasco.

Que la Asamblea General ordene, en consecuencia, la reconsideración de todos aquellos acuerdos tomados por ésta, por el Sínodo Nacional del Centro y otros cuerpos inferiores o superiores que lesionan la soberanía del Presbiterio Nacional de la Ciudad de México y afecten su integridad territorial.

Que la Asamblea General de los pasos convenientes para lograr que los misioneros que residen actualmente dentro del campo de este Presbiterio, sean retirados a otros campos o por lo menos se les ordene no tomar ninguna participación directa o indirectamente en la Obra que por la gracia del Señor está encomendada a la responsabilidad del Presbiterio Nacional de la Ciudad de México en el Distrito Federal y en los estados de México, Puebla, Hidalgo, Tlaxcala y temporalmente en Veracruz y Oaxaca (incluyendo los de Guerrero, Zacatecas y Tabasco).

Consideramos que los puntos anteriores no lesionan ni la soberanía de la H. Asamblea General, ni afectan la Unidad, Paz y Concordia dentro de la Iglesia Presbiteriana en México, antes bien la establecen y consolidan.

Restamos decir que ofrecemos a la H. Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana en México, nuestra entusiasta colaboración, amor, buena voluntad y sacrificio, como lo ha hecho el Presbiterio durante sus setenta y nueve años de existencia, procurando en todo, el extendimiento del reino y la gloria y alabanza de nuestro Salvador Jesucristo. Respetuosamente. México, D. F. a 8 de octubre de 1954. Por Orden del Presbiterio, el Secretario, Pedro V. García.

El Sínodo y la Asamblea General, si en verdad han cambiado de parecer, tienen la palabra para que dirigiéndose oficialmente al Presbiterio Nacional de la Ciudad de México, sugieran lo que ahora se llama una “reunión en la cumbre”.  El Presbiterio sabrá hacer honor a su palabra y espíritu manifestado en las transcripciones hechas, cuyas frases importantes hemos subrayado nosotros.

G. R. de la Vega.

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