Los obreros de la Viña

LOS OBREROS DE LA VIÑA

Texto: Mateo 20.1-16.

Un día dos hombres se encontraban en una esquina. Uno de ellos esperaba el camión; el otro iba a realizar una llamada en el teléfono público. Entonces el que estaba al teléfono, saludó al Sr. Gutiérrez y le ofreció sus servicios como gerente para su empresa. La respuesta fue negativa. Luego dijo: entonces está contento con su gerente actual; bueno muchas gracias. El que esperaba el camión le dijo: Amigo, cuanto siento que no consiguieras el trabajo. El otro le respondió: Gracias, pero en realidad yo estaba llamando a mi jefe, quería saber si está contento con mi trabajo; y me alegra saber que así es. ¿Jesucristo está contento con nuestro servicio?

 COMENTARIO

 1 PORQUE el reino de los cielos es semejante á un hombre, padre de familia, que salió por la mañana á ajustar obreros para su viña.

 Cuando nuestro Salvador dice: “reino de los cielos”, no se refiere a las mansiones celestiales, sino a los ciudadanos del cielo. El reino de los cielos es la Iglesia de Cristo, somos nosotros como cristianos. La iglesia es semejante a un Padre de familia que salió a buscar obreros para su viña. El padre de familia representa a Cristo, quien nos ha redimido para ser su pueblo escogido.

Es hermoso ver que el Señor Jesús también compara a su Iglesia con una viña. Las viñas eran muy apreciadas y cuidadas por el pueblo judío. Para cultivar una viña el terreno era despedregado, se ponía una cerca, y una torre de atalaya; era mucho trabajo. Por eso el padre de familia salió a buscar obreros.

 2 Y habiéndose concertado con los obreros en un denario al día, los envió á su viña.

 A las 6 de la mañana contrató a unos obreros por un denario al día. El denario era una moneda de plata de acuñación romana, similar a la dracma griega. Su valor era suficiente para mantener a una familia por un día. Este padre de familia era un hombre justo al dar una buena paga.

 Si tenemos empleados como cristianos también debemos dar un pago justo por el trabajo.

 3 Y saliendo cerca de la hora de las tres, vió otros que estaban en la plaza ociosos; 4 Y les dijo: Id también vosotros á mi viña, y os daré lo que fuere justo. Y ellos fueron.

 A las 9 de la mañana halló a otros obreros en la plaza, y los contrató para trabajar en su viña; pero esta vez no les dijo cuando les pagaría, ni ellos preguntaron, confiaron en la gracia de este varón.

 5 Salió otra vez cerca de las horas sexta y nona, é hizo lo mismo.

 A las 12 y 3 de la tarde salió nuevamente a la plaza y contrató otros obreros. Tampoco les dijo cuánto les pagaría.

 6 Y saliendo cerca de la hora undécima, halló otros que estaban ociosos; y díceles: ¿Por qué estáis aquí todo el día ociosos? 7 Dícenle: Porque nadie nos ha ajustado. Díceles: Id también vosotros á la viña, y recibiréis lo que fuere justo.

 A las 5 de la tarde, cuando faltaba una hora para que el día de trabajo terminara, el padre de familia encontró a otros obreros en la plaza y les preguntó por qué estaban ociosas. Ellos le dijeron que nadie los había contratado.

Estos obreros habían pasado todo el día esperando ser contratados. Como podemos ver, siempre ha habido momentos difíciles en cuento al trabajo, siempre ha habido falta de empleo. Pero al mismo tiempo Dios siempre ha tenido misericordia y no ha dejado a sus hijos en la miseria.

 El padre de familia los contrató sin decirles de cuanto sería la paga. Para ellos lo que él les diera sería mejor que no tener nada.

 8 Y cuando fué la tarde del día, el señor de la viña dijo á su mayordomo: Llama á los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. 9 Y viniendo los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario.

A las 6 de la tarde el padre de familia mandó a su mayordomo que pagara a los obreros comenzando con los últimos, y que les diera a todos un denario.

 Todos recibieron una moneda de plata, pero al mismo tiempo la paga parece ser desigual porque los últimos solamente trabajaron una hora.

 10 Y viniendo también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. 11 Y tomándolo, murmuraban contra el padre de la familia, 12 Diciendo: Estos postreros sólo han trabajado una hora, y los has hecho iguales á nosotros, que hemos llevado la carga y el calor del día.

 Los obreros que entraron a la viña a las 6 de la mañana al ver que los últimos recibieron un denario, pensaron que recibirían más. Sin duda que hicieron cuentas, una moneda por hora, entonces a ellos les tocarían doce. Ganarían en un día toda la quincena. Seguro que pensaron que el padre de familia era un gran hombre.

Pero su sorpresa fue que todos recibieron un denario. Entonces comenzaron a murmurar, a hablar mal del padre de familia. De existir en ese entonces un sindicato de “obreros de la viña”, hubieran pedido un abogado, habrían demandado a su jefe por supuesta injusticia.

 13 Y Él respondiendo, dijo á uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no te concertaste conmigo por un denario? 14 Toma lo que es tuyo, y vete; mas quiero dar á este postrero, como á ti.

El padre de familia al ver la reacción de los obreros le dijo a uno de ellos que no era injusto, pues él estaba pagando lo prometido. Aquí tenemos la primera enseñanza.

 Los obreros de las 6 de la mañana entraron a la viña con el conocimiento de que recibirían un denario. Los que entraron después confiaron en la gracia del padre de familia y la gracia abundó.

 No existe en la Biblia un listado de recompensas específicas por el servicio que damos al Señor y a su Iglesia. Por ejemplo, un día de visitación=a un televisor; dar una clase de escuela dominical=un traje nuevo. Que bueno que no exista tal lista; porque como obreros de la viña debemos servir y confiar en la gracia de Dios para recibir la recompensa; su gracia siempre será abundante y sorprendente.

 No debemos materializar las recompensas, es decir no debemos servir y pensar en cosas en concreto como recompensas; sino servir en gratitud al Señor por llamarnos a su reino y aceptar lo que en su gracia tenga a bien.

15 ¿No me es lícito á mi hacer lo que quiero con lo mío? ó ¿es malo tu ojo, porque yo soy bueno?

 La segunda enseñanza es que Dios es soberano para dar conforme a su voluntad, y siempre lo hace con justicia. El padre de familia dijo: “¿no me es lícito hacer lo que quiero con lo mío?”.

 Es posible que los que entraron a las 5 de la tarde hayan hecho más o mejor trabajo que los que entraron a las seis; y que por eso recibieran un denario. Sucede en muchos trabajos que hay personas que en un día hacen lo que otros en una semana.

 De cualquier manera Dios da como quiere y en justicia.

 Por eso la Palabra de Dios nos exhorta a servir a la Iglesia considerando que Dios no es injusto para olvidar la obra que hagamos por sus santos. También nos dice que no nos cansemos de hacer bien que a su tiempo segaremos.

 La tercera enseñanza es contra la envidia. El padre de familia en otras palabras le dijo al obrero que sus murmuraciones eran producto de su envidia. Como iglesia de Cristo no debemos tener envidia por lo que Dios da a los demás.

 Ciertamente Dios no nos da sus dones, ni recursos de la misma manera. Y no debemos tener envidia porque somos un cuerpo y Cristo nuestra cabeza. Cuando compramos por ejemplo unos guantes; nuestras orejas no sienten envidia; sino que todo nuestro cuerpo disfruta de esta cálida prenda.

16 Así los primeros serán postreros, y los postreros primeros: porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.

 Cuando estemos en el cielo con el Señor nos llevaremos sorpresas. Las Palabras de nuestro Señor Jesucristo nos enseñan que algunos que en la iglesia nos parece que recibirán gran recompensa serán aventajados por los que a nuestro parecer no sirven mucho.

Hay hermanos son llamados a las 5 de la tarde es decir en la vejez, pero sirven más que aquellos que entraron al reino de Dios en la infancia.

HERMANOS:

¿A que hora nos llamó al Señor, 6,9,12,3 o 5 de la tarde?

¿Desde que entramos al reino hemos servido a la Iglesia del Señor?

 No somos salvos por servir, porque la salvación no es por obras. Pero si somos salvos, la fe en Cristo como nuestro Salvador, produce adoración en servicio.

Por lo tanto procuremos presentarnos a Dios como obreros aprobados, que no tienen de qué avergonzarse.

 Por otra parte el servicio o trabajo fuera de Cristo no tiene recompensa. Para que el servicio sea agradable a Dios tiene que ser en Jesucristo.

Por eso la pregunta más importante es ¿Ha recibido a Jesús como su Salvador?

 Si no lo ha hecho le invitamos a que reconozca sus pecados, y su necesidad de un Salvador, ponga su fe en Jesús como su único y suficiente Salvador y recíbale en su corazón, para lo cual tiene que pedírselo por medio de una oración. Posteriormente sígale y sírvale con amor y gratitud, él le recompensará.

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